Artículo

Cómo ganarse el respeto del gato


Los gatos son animales individualistas e independientes a los
que no conviene tratar de imponer nuestra autoridad, sino más bien
de seducirlos para que adopten una serie de normas de convivencia basadas en el respeto mutuo.

 

Un cazador individual

Antes que nada, hay que tener en cuenta que el gato es un hábil cazador individual. Es, por tanto, un animal solitario, a diferencia del perro, que es un animal de manada que precisa un jefe o líder. La relación con un gato es completamente diferente, ya que no se trata exactamente de crear una relación de jerarquía, como ocurre con los perros, sino de establecer unas pautas de convivencia basadas en el respeto a la independencia del gato y a los hábitos del dueño.

Adaptabilidad

Se ha de dejar muy claro también que los gatos son animales extremadamente adaptables y flexibles, y a pesar de su fama y su carácter distante y tímido al principio, se trata de animales que también pueden ser muy sociables e incluso cariñosos si se les educa y se les trata correctamente. Es por ello que se adaptan perfectamente a la vida en el seno de una familia humana, aún a pesar de que en su medio natural, los gatos no establecen nada parecido a una familia. Más bien al contrario, los machos viven y cazan en solitario y solo se unen a las hembras para reproducirse. Ellas, por su parte, forman grupos para convivir con sus cachorros solo hasta que estos tienen entre tres y cuatro meses.

Tiempo, paciencia y cariño

En consecuencia, ganarse el respeto, la confianza y el afecto de un gato es un proceso que requiere tiempo, paciencia y cariño. Al principio de la convivencia, se puede mostrar desconfiado y esquivo, y solo al cabo de un tiempo lograremos que nos venga a recibir al llegar a casa, nos haga compañía en nuestras actividades diarias y se siente sobre nuestro regazo para recibir nuestras caricias.

No es un perro

Para empezar, nada exaspera más a un gato que el hecho de que lo traten como a un perro. Tratar de adiestrarlo para que se siente o dé la patita al ordenárselo no es una buena idea, al igual que pretender que acuda a nosotros cuando se lo pidamos. Un gato siempre marcará sus distancias y no aceptará nuestra autoridad a la manera en que lo hace un perro. Bajo ningún concepto debemos intentar que obedezca a gritos, ya que los gatos son muy sensibles a los ruidos y la agitación y se estresaría, incluso hasta el punto de afectar a su salud.

El poder de la seducción

El trabajo adecuado con un gato consiste en seducirlo para que acuda a nosotros y nos acompañe por su propia voluntad, un poco a la manera en que seduciríamos a otra persona, salvando las distancias. No se trata de subyugarlo, sino de conquistarlo. Así, tendremos que convencerle, no obligarle, para que siga una serie de pautas que hagan que se sienta cómodo y confiado en el hogar, de forma que adopte de buen grado a su familia humana.